Filosofía de Ananké

Quién estoy siendo

Hace algunos años empecé una búsqueda de sustancias naturales para apaciguar el dolor de los músculos. Con el comienzo de la práctica del yoga mi vida cambió rotundamente. Fue y sigue siendo mi cuerpo el maestro que ha elegido estos caminos. Es a través de escuchar sus necesidades y darle paso a sus potencialidades que reinventé mi capacidad para percibir fuera de los límites que nuestra cultura occidental y nuestra sociedad consumista nos transmite.

Gracias a este camino me sigo encontrando con personas maravillosas que estudian, investigan, juegan y dan a conocer la magia que la naturaleza regala.

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Ananké para los griegos significa “la chispa de la vida” y para los latinos “necesidad”, y hace referencia a la forma en que nace lo que existe: desde el vacío. Una forma de reivindicar que es la necesidad la madre de nuestros destinos (Ananké es la diosa madre de Las Moiras, las tejedoras que cortan el hilo de la vida de los seres humanos) y el vacío la posibilidad de ser llenado.

El espacio entre las manos y la piel es el territorio donde trabajan las sustancias que propongo. Es una forma de alimentarnos y de despertar en cada uno de nosotros la energía que posibilita la cicatrización, analgesia, limpieza, o simplemente el disfrute.

El amor como un derrame

Es la disposición del dar la que hace que se genere el exceso. El amor es un derrame de una sustancia interior que habiendo ocupado todos los vacíos sobrepasa los bordes con suavidad. Ananké es mi entrega.

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Búsqueda de la integración

En el marco del hinduismo, la kundalini (en sánscrito कुण्डलिनी) se describe como una energía intangible, representada simbólica y alegóricamente por una serpiente —o un dragón— que duerme enroscada en el muladhara (el primero de los siete chakras o círculos energéticos). Se dice que, al despertar esta serpiente, el yogui controla la vida y la muerte.

Al despertar, Kundalini recorre nuestro cuerpo de modo ascendente, energizando uno a uno nuestros centros energéticos y, una vez que alcanza el último chakra, ubicado sobre nuestra cabeza, es que nos abrimos a las energías cósmicas.

Cuando logramos comunicar nuestros chakras inferiores, asociados al cuerpo y el deseo, con los superiores, asociados a las energías sutiles, la intuición y el mundo de las ideas, es que podemos conocer lo Divino.

La práctica de crear desde ese centro (todos mis preparados se gestan mezclándose a la altura de la pelvis) y percibir con los sentidos, principalmente el olfato - el más sutil - la medida justa para la sustancia deseada, me han regalado un camino de integración.

Los cinco sentidos, en realidad, constituyen uno solo: el tacto (al igual que en las serpientes) diversamente modificado. Uno toca con los ojos, la piel, la nariz, el oído. Los demás trazados nerviosos serán cargados con afecto abriendo rutas, vías, carreteras.

La cultura supone, entonces, una demanda sensual hecha de emociones hedonistas. Aprender a sentir, degustar, tocar, ver, oír, comprender y gozar el mundo.

Somos reptiles antes de ser humanos. Agudizar los sentidos nos llevará a los recursos físicos y espirituales que nos permitirán comprender que estamos hechos para la ciclicidad.

La estimulación sensorial y el proceso de reproducción de la vida

El tratado del cuerpo se compara con el cuidado de un jardín. Como en todo biosistema habrá sustancias que ayudarán a que ciertos microorganismos regulen la capacidad de las células de reproducirse y generar tejidos sanos y flexibles. Esa es la función de las flores y derivados vegetales que Ananké selecciona para nuestra piel.

Una Geórgica del alma supone un adiestramiento neuronal erótico y estético a través de la educación sensual. La sensualidad es la capacidad de potenciar nuestros sentidos para vivir experiencias de conexión con el entorno y con nosotros mismos.

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Creemos que es indispensable unirnos al ritmo de la reproducción cíclica de la naturaleza, y que debemos reducir los residuos que ingresan a nuestro cuerpo y a nuestro medio ambiente. Se trata de una responsabilidad por la vida, para que la misma siga siendo. Los desechos plásticos y energéticos contaminan nuestra percepción y los recursos que el mundo nos ofrece.

Ananké basa su búsqueda en el ludismo sensorial, experimentando con materiales vivos, cuidados, repletos de información disponible. Le interesa que en cada persona a la que llega se despierte una sensibilidad particular que le permita distinguir entre un producto plástico, seriado, artificial, y uno orgánico, natural, único.

La diferencia no es solo un concepto, es materia perceptible, está presente. Estos alimentos para la piel permiten generar un registro sensorial de autopercepción que implica una permanencia. Para las filosofías orientales la constancia es mucho más que el perfeccionamiento de una técnica: es la posibilidad de la contemplación, la forma de ser parte del todo. El arte de mirarse siendo, sintiendo.

Les deseo deseo, y contemplación